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Concha y Pablo son una pareja de mediana edad que vive desde hace años en un edificio con numerosos vecinos. Música alta hasta bien entrada la noche, golpes en las paredes, chillidos y discusiones, portazos, papeles tirados y suciedad en los rincones, perros sueltos y marcando el territorio en las zonas comunes, malas contestaciones y/o ausencia de saludo son algunas de las situaciones desagradables e incómodas con las que esta pareja convive día a día cuando se encuentra en su hogar. En las juntas de propietarios se pone de manifiesto este malestar, donde más que una reunión de personas para solucionar problemas comunes, parece una jauría, cada uno de ellos defendiendo a voz en grito y ademanes sus posiciones. Por no hablar de alta morosidad de dicha comunidad, pues ¿quién quiere pagar para limpiar lo que ensucian o estropean otros?

Ahora bien, ¿acaso todas estas personas no tienen un interés común? ¿no querrían todas ellas vivir con cordialidad, en un espacio acogedor al gusto de todos? ¿no estaríamos dispuestos a bajar la música a determinada hora si el vecino se compromete a no dejar suelto a su perro, por ejemplo?

La mediación permite dar la vuelta a las situaciones y centrar el foco de atención no en aquello que nos diferencia, sino en aquello que nos une y compartimos. La mediación comunitaria supone crear un espacio de diálogo donde todos pueden exponer sus preocupaciones, inquietudes, quejas e ideas de un modo respetuoso y pacífico que les ayuda a su vez a comprender que hay más aspectos en común entre ellos que los que pudiera parecer en un principio y que, con toda probabilidad, a todos ellos les mueven los mismos intereses.

Al focalizar la conversación en esos intereses compartidos, el diálogo se vuelve más fluido, dando lugar a una “lluvia de ideas”, donde las personas ya no ponen quejas sobre la mesa, sino propuestas para alcanzar dichos intereses.

Por eso la mediación es tan beneficiosa en espacios comunitarios, porque permite convertir a las personas en vecinos; transforma a un grupo de personas obligadas a relacionarse en vecinos de una comunidad, con un alto sentimiento de pertenencia, donde mis actos y los de los demás afectan directamente a lo que es mío y de los demás.