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Verano. Época de vacaciones escolares y la mayoría de las laborales. Momento para el sol, la playa, viajes, montaña, descanso, esparcimiento, hobbies,… y mucha convivencia. Pasamos de dedicar a la familia y amigos unas cuantas horas al día, como mucho, a dedicación completa durante los siete días de la semana. Muchas veces, nos encontramos con auténticos desconocidos; no reconocemos a aquellos con los que vivimos; ellos han cambiado o lo hemos hecho nosotros. En cualquier caso, cada vez son más los detalles que nos molestan que los que nos gustan o incluso pasamos por alto; demasiados intereses, deseos y necesidades dispares que compaginar. Ya no nos apetece pasar más tiempo con los que tenemos al lado. La que se suponía la etapa del relajamiento, del recuperar fuerzas, de las risas y juegos, de repente es una batalla más con la que lidiar, cada día un trabajo más que realizar. Volvemos de las vacaciones más agotados incluso que cuando empezamos.

Y es que, aunque el roce hace el cariño, también puede generar discrepancias, tensiones, desacuerdos,… e incluso rupturas.

Después de convertir las vacaciones en una auténtica lucha, decidimos que no podemos seguir más, que no vale la pena postergar una decisión que tarde o temprano va a acabar siendo una realidad, que la vida tiene que ser otra cosa aparte de discusiones y disgustos. Tomamos la decisión entonces de poner fin a la convivencia, de optar por caminos distintos, de reestructurar la que hasta ahora ha sido nuestra familia. Por eso, no es de extrañar que el número de separaciones y divorcios aumente después de la época estival.

Otoño. Época de acudir a mediación para dejar resuelta toda esta nueva situación; para dialogar, concretar y acordar cómo queremos que sea nuestra vida a partir de ahora; para darle una nueva forma a nuestra familia y a nuestras relaciones con todos y cada uno de sus miembros. En un ambiente de cordialidad, respeto y comprensión. De acabar con las tensiones y los reproches. De poner en orden toda la serie de cuestiones que ya no están en su lugar para poder afrontar un año más, hasta las próximas vacaciones.

Porque tu vida merece ser vivida y considerada con respeto, acude a mediación.